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miércoles, 5 de diciembre de 2012

A longa travesía do celtista... {Loubanza ós ETERNOS}




Por eses que non preguntan por qué, os que non entenden de categorías, os que non devalúan o seu sentir na derrota... Polos que só pensan en facer iso, recompoñer ó noso Celta cando as cousas veñen de nalgas. Por eles, por vós, por ti...

O 3 de xuño de 2012 Borja Oubiña, o noso capitán, recordaba ós 7.000 de sempre. Eu non lle vou a poñer cifra a esta homenaxe. É sinxelamente para todo aquél que vexa esta nadería e sinta coma eu sinto. Coma sentín estes anos. Nos momento máis duros ou nos más doces.

Oxalá tivera moito máis material para incluir a todos os que tanto fixeron ao longo deste traxecto por devolver ó Celta á máxima categoría. Aquí só aparece unha pequena mostra con Eusebio, López Garai, Michu, Trashorras, Murillo... xogadores cos que, se ben é certo que non acadamos o ascenso, sí que fixeron por endereitar a situación do equipo respecto a tempadas anteriores.

En definitiva, por ese pequeno lóstrego que dirixe a nosa paixón e recibe o nome de Real Club Celta de Vigo. Ése que precisamos recompoñer cando a vida o maltrata, porque iso é o que nos define.
Somos os puntais dun barco que, en ocasións, zozobra. Mais sempre recupera o rumbo para continuar nesta travesía que nos une a el. SEMPRE CELTA.


NOTA: Ao final quixen deixar unha pequena mostra de ánimo a Samuel Llorca xa que éste é o primeiro vídeo de equipo que subo desde a súa lesión. ¡Ánimo Samu!


Unha aperta a tod@s e ¡Ala Celta!



lunes, 5 de marzo de 2012

Vigo-Valladolid, Valladolid-Vigo

Una ida y un regreso. Una historia de por medio.

De Vigo parten dos autobuses pasadas las siete de la mañana. El madrugón invita a cerrar el ojo en el asiento pero los cánticos iniciados por miembros de Comando dejan claro al cuerpo que no es momento de dormir. Toca calentar las gargantas porque como decía Malvidinho: “¿A qué vamos a Valladolid? ¡A por los 3 puntos!”

La veteranía de una peña que cumple 25 primaveras este año como es Comando se junta con la juventud de los tiernos veinte años de los integrantes de Irmandiños dando forma al ayer y al mañana. Maestros y aprendices. Aprendices que un día serán maestros como demuestran al entonar ese maravilloso cántico obra de su Presidente:

“Ésta é a grada, que anima, anima.
Que te leva en volandas, que canta, que grita.
Te sigue por Europa, na Liga, na Copa. 
Que chora no inferno, sorríe na gloria. 
Sempre te seguiremos, orgullo eterno. 
Celtismo é o que levo, grabado no peito. 
LOLOLOOOO LOLOLOOOOOO”.

Después de un par de paradas y varias horas de viaje, las ruedas del autobús lamen el asfalto de las calles cercanas a Zorrila. “Salimos del bus y animando” repiten Malvidinho y el tesorero de Irmandiños antes de que las puertas se abran. El celtismo contenido en el interior del bus nº2 reclama el aire que rodea el estadio. Lo reclama y lo hace suyo. Aunque sólo sea moralmente para los allí presentes, el violeta de la mole de cemento queda eclipsado por la marea azul.
Sabemos que es uno de esos días en los que se debe reclamar la casa ajena como propia. De construir un Balaídos portátil con las manos, las voces, las bufandas y el corazón de todos los celtistas desplazados.

Pero antes hay que reponer fuerzas. Regreso al autobús con las entradas en el bolsillo y rumbo a la Plaza Mayor para comer.
De allí a la zona céntrica la marea celeste culebrea por las calles de Valladolid a voz en grito, desgañitándose en ánimos y aplausos para con el equipo que les ha llevado hasta allí. Los locales miran a los “invasores”: algunos con recelo, otros con la sonrisa en los labios, otros se acercan a los balcones o sacan alguna foto. Valladolid se doblega a la multitud llegada desde diferentes puntos de Galicia para dar calor al equipo de sus vidas.
Sólo una duda nace: “¿Aquí dónde están las cuestas?”


Al fondo de una calle se vislumbra la entrada a la Plaza Mayor.
El celtismo se detiene un segundo, se junta, se agacha, se hace de rogar y arranca en carrera reclamando Pucela, tiñéndola de Celeste.
Entre terrazas y comercios destaca una tienda con el escudo del equipo de la ciudad, está vacía y con un rótulo de “se vende” pegado al cristal. Única e ínfima prueba de que esa plaza en otro día perteneció a otro equipo, a otra afición. Pero no este 3 de marzo.

Sólo el hambre acentuada por los nervios del partido hace que se diluyan las hordas celestes. Pero sólo por un momento, pues pronto se vuelven a juntar en los diferentes bares reclamando sus caldos y sus tapas. Los barriles se vacían y los estómagos se llenan.

El silencio de Pucela ha muerto. Los celtistas lo han sacrificado en honor a los cánticos de su Celta, su Celtiña. Un bombo suena y el eco de las voces sube por las calles de la ciudad. Cada vez más fuertes, cada vez más unidos los ánimos de los aficionados dejan que la hermandad cobre protagonismo y los cánticos iniciados por unos pronto son continuados por otros. Juntos gritan, juntos aplauden, juntos bailan y juntos saborean las mieles del pre-partido.

El corazón de Valladolid late desaforado por el impulso del celtismo que circula por las venas de la ciudad con paso firme camino del autobús, para poner definitivamente rumbo a Zorrilla.

El desplazamiento es breve. En el pasillo del bus no cabe un alfiler, los nervios impiden sentarse a los más taquicárdicos.
Llegamos.
Las piernas apuran tanto como corre el corazón.
Unos minutos de espera ante las puertas hasta que por fin se abren, entramos.
Buscamos un buen sitio y plantamos los pies sobre el asiento para conseguir la mejor visión posible mientras la grada se sigue llenando. El desvaído violeta del interior se tiñe de azul cielo, color de los sueños.


Los jugadores del Valladolid salen a calentar pero los celestes siguen sin hacer acto de presencia con la excepción de los dos porteros. La grada conquistada por los celtistas los recibe con una sonora ovación y repartidos cánticos para ambos en busca del saludo de rigor. Sergio y Rubén, Rubén y Sergio.
Transcurren los minutos, la manecilla grande del reloj ya pasa del siete. Menos de veinticinco minutos para el pitido inicial.
Unas botas, unas rodillas, unos pantalones empiezan a asomar por el túnel del vestuario. Son ellos. Saltan al terreno de juego en pleno sprint. La grada se deshace en aplausos y “Celta, Celta, Celta…”.
Uno a uno los jugadores van siendo saludados por su hinchada y ellos devuelven el saludo.
Todos están allí para lo mismo, por los tres puntos. Unos los pelearán dentro del cuadrilátero de césped, otros desde la unión de la grada.
Más de 2000 individuos con una única premisa.

Los labios del árbitro rozan el silbato mientras observa el reloj. Pita.
Lo que viene después son 90 minutos de desfallecidos e imparables ánimos desde la grada y una victoria
épica en el campo.                                       

En el césped Orellana baila. Pasa de una pareja a la siguiente, dejándolas a todas atrás. Ninguna es capaz de seguir su ritmo.
Pero en el marcador el primero en adelantarse es el equipo vallisoletano.
No hay dolor. Sabemos lo que significa empezar por debajo en el marcador. Significa que tendremos que tirar del coraje de pasadas jornadas y remontar. La pregunta no es si seremos capaces, la pregunta es en qué momento lo haremos.

Las gradas empujan al equipo celeste vestido de rojo y pasada la media hora llega el primero: Sergio golpea con seguridad un saque de puerta que, como en tantas ocasiones, baja Mario Bermejo a la bota que le espera en ausencia de Borja Oubiña, la de Álex López. El ferrolano se deshace de un rival en busca de Orellana. La conexión que tiene lugar entonces es automática. El chileno busca a su media naranja. A su compañero de fatigas. Al moañés con alma de mohicano que la mima con cariño y la empuja al fondo de las mallas.

Inspirado por los cánticos celestes el portero del equipo pucelano decide que quiere marcarse su propia entonadilla y deja el balón correr por debajo de su cuerpo para deleite de los aficionados que saltan sobre los asientos con la mente puesta en el segundo, en la victoria.

Tras el descanso el equipo recula y es el Valladolid el que lleva el peso del partido. Eso sí, sólo en el césped. En las gradas no hay lugar para una batalla, la guerra ya fue ganada por los más de 2000 desplazados con indumentaria celeste.

En el minuto veintidós nace otra del Celta: Toni se la pone al primer toque a Iago, prófugo entre la defensa rival, ante la atenta y acertada intervención de Balenciaga, quien se cruza para mandarla a saque de banda. Ahí aparece el pequeño héroe de masas pidiendo mimos y cariñitos a sus aficionados. Y el celtismo le responde. Volviendo a desbordarse.

Los minutos se suceden y el achuche local es constante en el desenlace del encuentro, tanto que un empate sería hasta positivo y bien visto por los hinchas celestes. Pero es entonces cuando se “revela el revulsivo”: Bustos recupera el balón al borde del área y es Álex López el primero en tocarla dentro del feudo vallisoletano, abre a Joan Tomás quien se la templa a Toni, éste se deshace de un defensor y fija la diana en Orellana (de nuevo Orellana), el bailador de defensas llega a la línea de fondo y mientras cae mece la pelota hacia el interior del área, un balón que vuela con ganas buscando el impacto de la bota de Joan Tomás. Es el segundo. El de la victoria en el último minuto. El que provoca el terremoto, el huracán y la avalancha de la grada visitante. Unos caen, otros se abrazan, algunos se besan y varias decenas lloran.

La grada es el clamor de una pericia, una épica de cinco toques de balón y un último empujón al interior de una portería. Es amor. Es emoción. Es sentimiento. Es pasión. Es puro corazón. Es fútbol, señores, es fútbol.
El equipo de los locos bajitos con el que terminó Herrera se deshace en abrazos también en el césped. Túñez necesita agacharse para poder abarcar con sus brazos a Fabián y Joan, los alza y los abraza.

Sólo unos minutos de aguante separan esa celebración de la siguiente. Bustos y Roberto Lago son los primeros en dejarse caer de rodillas sobre el césped. Sergio, Oier, Túñez, Mallo… van cayendo sobre el alicantino. Los abrazos se multiplican en el José Zorrilla. Algunos en la hierba, otros en el cemento.

Los jugadores agradecen el apoyo de su afición antes de retirarse al interior de los vestuarios.
El ánimo de los aficionados es incontenible. Cántico tras cántico se va acordando de todos hasta llegar a Gudelj que pasados ya varios minutos desde el desenlace del encuentro asoma por el túnel del vestuario y saluda a la grada.
Es entonces cuando los más de 2000 corazones piden por su equipo. Piden que salga. Que vuelva al césped de Zorrilla.
Gudelj vuelve a asomar y señala hacia el interior del túnel.

 Los segundos caen a plomo. De nuevo vuelven a verse ¿botas? No, botas no. Se ven chanclas y pies descalzos sólo cubiertos por medias, pantalones remangados. Y arriba, mucho más arriba, grandes sonrisas que atraviesan la oscuridad de ese túnel para volver a caer ante la luz de los focos del estadio. Son felices, se abrazan, aplauden, se mojan, saltan… Son la plantilla del Real Club Celta de Vigo. Los chicos de la 2011-2012.

 Saludan a la afición, se sujetan todos de las manos y ovacionan a los locos viajeros comedores de kilómetros que han ido hasta allí por ellos y por ese escudo que defienden y llevan cosido en el pecho de sus camisetas.

Hayan jugado más, hayan jugado menos o incluso sin haber jugado un solo minuto están allí agarrados los unos a los otros. Sonriendo y felices, compartiendo ese indescriptible momento con los que, sin poder reprimirlo, nos emocionamos y dejamos que las primeras lágrimas nos nublen la vista.
Tiembla el mentón y decides respirar profundo, varias veces. Las lágrimas mejor reservarlas para ese otro momento que sin duda nos tiene que llegar.
Que seguiremos luchando para que llegue.
Batalla ganada, nos queda la guerra.

Últimos aplausos del plantel antes de regresar al interior de los vestuarios. Todos menos uno. Ese hombre que se quita la camiseta verde esperanza y busca el modo de arrojársela a su afición. No encuentra el modo pero tampoco se rinde. Ni se da por vencido.
Sergio Álvarez siempre hace gala sobre el césped de ser un tío tranquilo y también aquí vuelve a demostrarlo. No importa lo lejos que esté la grada o la altura de diferencia. Con calma busca el modo y lo encuentra.
Cuando vuelve a encarar el camino hacia el vestuario lo hace sin la camiseta color verde. La misma que ahora estará siendo tratada cual tesoro por algún aficionado celeste. El denuedo demostrado por “el gato de Catoira” bien lo merece.

Las luces del José Zorrilla se van apagando, pero no así el ánimo de los aficionados. “A Rianxeira” clama su sitio en el repertorio y se adueña de la grada visitante embrujando aún más el ambiente. Con cada nota el celtismo sueña con fuerza pensando en el futuro. Ya no en el lejano, sino en el inmediato. En seguir disfrutando de lo que queda de Liga. Algunos barajan próximos desplazamientos, otros sólo pueden pensar en el partido contra el Numancia de este viernes. Pero mientras la mente elucubra, el corazón saborea las mieles de ese preciso instante en el que somos campeones. Sí, campeones. Al menos de este partido. Los nuevos dueños de Zorrilla no visten de violeta sino de celeste.

El viaje de vuelta aún está por delante. Algunos buscan con premura el asiento y se dejan caer, otros no pueden parar quietos un segundo.
El bus nº2 vuelve al ataque y los cánticos se suceden. Rumbo a Balaídos la canción de Irmandiños vuelve a ser la estrella.
Hasta pasada la media noche y aunque el conductor del autobús apague las luces, los celtistas se niegan a hacer caso a Morfeo.
Todos menos el tesorero de Irmandiños a quien en su descansar Malvidinho le susurra: “No sueñes con la victoria del Celta que no fue un sueño, fue real”.

Tan real como esta presente temporada.
Aún nos quedan 15 batallas en esta guerra pero, antes de cruzar la meta, no nos olvidemos de disfrutar de la carrera.
Porque cuando el celtismo aprieta ni el mítico frío de la grada visitante del José Zorrilla nos roba fuerzas o protagonismo. "¿Qué hace frío en Pucela? ¿Qué frío?" Calor, mucho calor. Y así siempre.

Hasta que las gargantas aguanten y el corazón resista.

Siguiente parada: viernes a las 21:00 horas Celta vs Numancia.


Un abrazo a tod@s y ¡Hala Celta!

viernes, 13 de mayo de 2011

J. 38 || Salamanca 1-1 Celta

En cualquier otro momento de la temporada quizá el punto cosechado ayer en “El Helmántico” nos habría sabido a poco y habríamos dado más relevancia a la sexta posición en la tabla.
A golpe de la 38ª Jornada y tras innumerables traspiés en casa quizá sea momento de ya no sólo valorar el sumar sino también el cómo se sumó. 

El equipo de sorpresa anunciada que vistió de cara la elástica celeste ya aventuraba a la imaginación un presumible cambio en el guión del partido.
La defensa de cinco hombres cobró protagonismo en lo malo, primero; y en lo bueno, después. 

El apuntalamiento defensivo debería haber sido más “implacable” desde el comienzo. Un gol tempranero del Salamanca hizo presagiar los peores “canguelos”, no tanto por el gol en sí sino por la facilidad que envolvió toda la jugada, una vez más. Los balones colgados desde los laterales (y en jugadas a balón parado) son la kriptonita de una defensa que no evita con el rigor exigible la posibilidad de remate dentro del área. Un balón que voló con permisividad desde el lateral y que encontró aún más concesiones por parte de  la zaga para ser rematado por un jugador salmantino, sin necesidad de mucho esfuerzo, “desvirgó” el marcador mediados los diez minutos de juego.

La solidez defensiva de antaño es, en jugadas como la del gol, equiparable a la cabaña de paja que el lobo soplaba sin dificultad alguna en la fábula de “Los 3 cerditos”, visto y no visto. Nos sigue faltando la tensión y la capacidad de reacción desenvuelta de otros momentos de la temporada.
Por otra parte, la razón de ser del nuevo sistema: dar libertad a los laterales para funcionar como carrileros, no ganó enteros hasta pasados quince minutos y ya con el marcador en contra. Hasta ese momento tanto Hugo como Lago apenas habían tenido tiempo u ocasión de abrir el campo. 

Tras el gol encajado pasamos unos minutos de alicaído vaivén sobre el césped. Sin embargo, a diferencia del pasado sábado, la reacción no se hizo esperar.

En un partido en el que el centro del campo estaba teniendo menos relevancia que el paso por Box en las carreras de MotoGP un día soleado, los llamados a destacar eran los hombres situados por delante de la línea Bustos-Garai con un Michu deshecho en subidas y bajadas para recuperar y guiar el balón. 

La dupla canterana Iago-Dani, además de ser debilidad de una servidora, es frescura para un plantel tan “dependido” ofensivamente de ese otro dúo David-De Lucas. La profundidad de banda que emanan las acometidas de Abalo son un regalo para tener llegada pero quizá habría sido más rentable en otro tipo de encuentro. Uno en el que no se espere de Hugo Mallo el rol de “comerse” el carril diestro del Celta.
Aunque hablando de comer menuda entrada se zampó el árbitro sobre Dani. En otros campos y con otros jugadores no dudo que ese “lance” se habría saldado de otra manera. En fin, a tragar que es lo que toca siendo quiénes somos y viniendo de dónde venimos.

Pero bueno, volviendo al partido, para jugar con carrileros debo confesar que soy más partidaria de situar arriba a hombres como Joan Tomás (de quien esperaba bastante más por cierto), ya que es más ducho en el juego interior. Dejando así la banda a servicio y disposición de Hugo Mallo, quien sigue despertando el “babeo” de la aquí presente con cada internada en ataque. Y lo mismo se puede decir de Roberto Lago y esa potencia física que desborda a todo y a todos en cuanto se hace con el balón y mete primera en busca de territorio enemigo.

Si sacáramos mayor provecho de esa virtud que tiene el jugador de O Calvario nos evitaríamos más de un dolor de cabeza a la hora de conducir el balón en ataque. Y es que no frena ni en el paso por curva, obligando al rival a pararlo a base de faltas, como ayer ejemplificó el Salamanca.
A título personal reconozco que echaba de menos esa sensación de peligro en ataque por parte del Celta. 

En lo tocante a Iago “notengoniideadeloqueesmarcargolescantadosysóloendosogolazoscomopanes” es nervio puro hecho futbolista y ayer lo volvió a demostrar. Nervio con el balón, nervio con el árbitro… Durante los primeros 45 minutos no me gustó especialmente el modo en el que se le estaba buscando. Sus aportaciones, en jugada, de la segunda parte me gustaron mucho más. Así como en el primer tiempo eché en falta mayor entendimiento entre él y sus asistentes, tras el descanso me pareció mucho más enriquecedor el juego atacante que se desprendía o giraba en torno a él. Fuimos más “creadores”, más “dañinos”. Si el gol de la igualada no llegó antes ni se incrementó después no fue porque el Celta no encontrase portería. 

Con las llegadas en ataque de los carrileros y la presencia en el área de hombres como Michu o Iago, el equipo tuvo ocasiones varias para llevarse los tres puntos del campo salmantino. Y si finalmente no fue así no se debió a deméritos celestes. 

Un hombre que merece una mención aparte, en mi opinión, es Andrés Túñez, bienvenido y bienhallado sobre el césped. ¿Habrá visto Paco en su partido un boleto directo a próximas titularidades? Lo ignoro. Aunque a título personal yo diría que merecer, se la merece. Savia añeja y experimentada para una zona del campo que no estaba siendo lo que era en otras épocas de la temporada, sin desmerecer a nadie, por supuesto. 

En lo referente al gol que significó la igualada y nos premió con el punto final únicamente añadiré que sólo podía llevar la rúbrica de un moañés que parece atesorar una capacidad goleadora dotada con la gracia de la hermosura futbolística. Empiezo a cuestionarme si en el futuro Iago Aspas será capaz de sorprenderme con algún tanto “de churro”. De todos modos, sean como sean sus roscos, que siga horneándolos con frecuencia para bienestar del Celta y goce y disfrute de la afición. 

Cada día el play-off está más cerca de ser asegurado. 

Ahora a sentenciar el domingo ante un presumible carne de Primera, el Rayo Vallecano visita Balaídos.

Un abrazo a tod@s y ¡Hala Celta!